En el corazón del Valle de Calamuchita, donde el paisaje cordobés se tiñe de un verde intenso y el aire trae la promesa de algo nuevo, me encontré con una historia que burbujea con identidad propia. No es solo vino; es el desafío de embotellar el terroir de Villa General Belgrano. Allí, en la Bodega Sineres, conversé con Andrea Fissore, quien junto a su marido, el ingeniero agrónomo Agustín Sommavilla, ha logrado que los espumantes de método tradicional (o champenoise) de Córdoba se ganen un lugar en las mesas más exigentes de Argentina.
Viticultura de precisión: Cuando el clima dicta el ritmo
"Empezamos pensando en vinos, pero pronto me di cuenta que necesitábamos una identidad y que solo la podíamos lograr con blancos y espumantes", confiesa Andrea. En Calamuchita, el clima no es un actor secundario; es quien ejerce una influencia determinante.
La región goza de un entorno privilegiado pero la humedad y las lluvias otoñales de marzo y abril son moneda corriente. Esta humedad excesiva al final de la temporada suele hacer que las plantas pierdan sus hojas prematuramente, dificultando la maduración para tintos tranquilos. La solución de Agustín fue un golpe de maestría enológica: la cosecha temprana.
Al recolectar antes de las grandes lluvias, Sineres captura una acidez y frescura vibrantes, transformando un escollo climático en una ventaja competitiva para sus bases de Chardonnay, Pinot Noir y Malbec.
El rigor de la naturaleza: ¿Por qué no hubo cosecha 2024?
Sin embargo, esta apuesta por la excelencia tiene su lado amargo. El clima también presenta riesgos extremos. Andrea me cuenta con honestidad la realidad de las últimas campañas: en 2023, las heladas redujeron la producción de 10.000 a 7.000 botellas. Pero el 2024 fue aún más desafiante.
"Ese año, la combinación de heladas y granizo en febrero fue tan severa que decidimos no cosechar", expresa Andrea. Fue una decisión difícil, pero cargada de lógica: para mantener sus estándares de alta gama, prefieren no producir a entregar un producto que no esté a la altura de su etiqueta. Por esta razón, el mercado deberá esperar para ver nuevos lanzamientos, un recordatorio de que en la viticultura de precisión, la calidad manda sobre el volumen.
Sineres no nació de la nada; es fruto de una evolución reciente que comenzó a gestarse en 2012, cuando "se alinearon los planetas" entre la profesión de Agustín y el desarrollo turístico de la familia de Andrea. Desde que salieron al mercado formalmente en 2021, la apuesta por la calidad técnica ha sido innegociable. Sus espumantes salen a la venta con un mínimo de 12 meses de crianza sobre lías, aunque hoy ya cuentan con botellas de alta gama con cuatro años de guarda. "La crianza en lías es lo que le da fineza y lo conserva; el proceso de mezclarlo contribuye a que sea más mantecoso", explica Andrea, subrayando la importancia de la paciencia en este oficio.
Chardonnay, Pinot Noir y Malbec: El ADN de las burbujas del Valle de Calamuchita
La línea "Vintage" de Sineres se apoya en tres pilares fundamentales. El Chardonnay es, quizás, su carta de presentación más fuerte; tanto es así que su Brut Nature 2018 cautivó al prestigioso crítico británico Tim Atkin, quien no escatimó en elogios para este exponente cordobés. Tal es la apuesta por esta cepa que en 2020 plantaron media hectárea propia en su finca Costa Verde.
El Pinot Noir, parte del cual proviene de la histórica Colonia Caroya, aporta la estructura y esa textura "mantecosa" que Andrea tanto destaca, especialmente en el blend clásico con Chardonnay.
Por su parte, el Malbec es el emblema de la casa. "Ha evolucionado con nosotros", cuenta Andrea. Mientras que hasta 2019 se vinificaba como un elegante Blanc de Noir, a partir de la añada 2021 decidieron virar hacia un estilo Rosé, buscando siempre mayor expresión sensorial.
El valor del tiempo: Guardas que cuentan historias
Si algo diferencia a Sineres es su respeto por el silencio de la cava. Mientras que el estándar de la bodega es un mínimo de 12 meses de crianza sobre lías, hoy se enorgullecen de ofrecer botellas con guardas prolongadas de hasta seis años. Es esa paciencia la que permite que el espumante gane fineza y complejidad, convirtiendo cada descorche en un evento único.
Calidad y confianza ante la desregulación del INV
Uno de los temas que más resuena hoy en el sector es la desregulación de los controles del INV (Instituto Nacional Vitivinícola). Al consultarle a Andrea sobre este cambio hacia un modelo más parecido al chileno —donde la evaluación ocurre más hacia el final del proceso—, su respuesta es honesta y técnica, alejada de cualquier tinte político.
"Nosotros, cada vez que venía el INV, te sentías presionado o que estabas haciendo algo mal", relata Andrea. Explica que, al ser productores de espumantes, manejan azúcar para la producción (el licor de tiraje), algo que en una bodega de vinos tranquilos solía ser motivo de clausura inmediata. "Eran muy detallistas", recuerda.
Ante este nuevo escenario donde los controles previos se relajan, Andrea es contundente: "El consumidor va a tener que confiar en la bodega", afirma con seguridad. Para ella, la calidad no es algo que se logre por un control externo, sino por una convicción interna. "El producto que ofrecemos es de muy alta calidad y creo que la persona que lo compra y lo prueba, siempre vuelve a buscarlo".
Nuevas audiencias y la filosofía del "no lanzamiento"
Andrea tiene una mirada muy aguda sobre cómo está cambiando el consumo. "Creo que el público más joven está descubriendo los espumantes, a veces mezclándolos, y esa es una forma de aprender a tomar", reflexiona. Para ella, el camino del paladar es un viaje: "Uno se termina cansando de lo dulce y se va inclinando hacia cosas más 'sequitas', que gustan más y perduran en boca".
Muchos se preguntan si habrá nuevas etiquetas pronto, considerando el éxito de su Pinot Noir, Chardonnay y el emblemático Malbec. Sin embargo, en Sineres la respuesta actual es la consolidación. Andrea me explica que no están lanzando productos nuevos por una razón de respeto al tiempo y a la situación del mercado.
"Ojalá que esta caída de las ventas del vino en general sea estacional", analiza con cautela, pero mientras tanto, su foco está en mantener la excelencia. "Queremos que cuando alguien abra un Sineres, sea en su cumpleaños o simplemente porque tiene una botella en la heladera por si llega una buena noticia, encuentre un producto fácil de tomar, rico y que no te 'rompa' al día siguiente".
Por qué "Sineres": Una anécdota con corazón
Antes de irme, no pude evitar preguntarle por el nombre. Resulta que Agustín, de niño, sufría en la escuela porque no podía pronunciar la letra "erre" y sus compañeros se burlaban. Al momento de bautizar su sueño, buscó algo que no le costara decir. Así nació Sineres (sin erres). Un nombre que hoy no solo es fácil de pronunciar para él, sino que es sinónimo de uno de los mejores espumantes de Córdoba, elogiado por críticos de la talla de Tim Atkin.
Visitar Sineres en la ruta RP 5 es encontrarse con una familia que ha sabido leer su tierra. Desde el degüelle manual en sus visitas guiadas hasta la complejidad de sus botellas de guarda, Andrea y Agustín nos demuestran que, a veces, los mejores resultados nacen de aceptar el clima y honrar nuestra propia historia. El vino, al final del día, es un producto argentino que hay que hacerlo valer.
OTRAS NOVEDADES