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La crisis del vino y una jugada no apta para puristas: ¿Podrán Messi y Taylor Swift rescatar a una industria golpeada por el consumo?

VINOS Y BODEGAS

Mientras bodegas históricas enfrentan reestructuraciones millonarias y el consumo interno registra sus peores números en décadas, el sector vitivinícola encuentra salvavidas inesperados en la cultura pop. Del vino con gaseosa de Lionel Messi al fenómeno agotador de stock de Taylor Swift, analizamos por qué la supervivencia del vino argentino —y mundial— depende hoy más de la autenticidad que de las etiquetas doradas.

Como periodista, sommelier y bartender, con años recorriendo viñedos y barras, hoy me toca escribir una de esas notas que duelen en el paladar, pero que necesitan ser contadas con la honestidad de quien prefiere un vino franco antes que uno con pretensiones. La industria del vino en Argentina, nuestra bebida nacional, atraviesa una tormenta que combina balances en rojo con un cambio cultural que no perdona.

El partido que el vino está perdiendo (en el país y en el mundo)
Si hiciéramos un paralelismo futbolístico, el vino hoy está jugando un tiempo suplementario con el marcador en contra. La crisis no es una sensación; es una realidad de cheques rechazados y concursos de acreedores. Bodegas históricas, verdaderos pilares de nuestra cultura, están en el ojo de la tormenta: Bodega Norton ingresó en concurso preventivo con deudas millonarias, y Bodegas Bianchi —una de las pocas grandes que seguía en manos familiares— ha tenido que reestructurar pagos para evitar el mismo destino. En San Juan, Casa Montes también enfrenta una situación financiera crítica, demostrando que el dolor se extiende por todo el mapa vitivinícola.

Sin embargo, en los vestuarios, la visión es otra. Los obreros del sector denuncian que estas "crisis" son, en ocasiones, maniobras empresariales para frenar las paritarias. Lo cierto es que, entre la caída del consumo interno y el estancamiento de las exportaciones, el 2025 cerró como el peor año en ventas para la industria. El vino, lamentablemente, ha comenzado a percibirse como un "bien de lujo" en una economía que no da tregua. Pero ojo, que esto no es solo un mal argentino; el excedente de stock y la caída del consumo son fantasmas que hoy recorren desde California hasta Francia.

El vino con Sprite de Messi que celebró toda la industria: ¿La jugada maestra para salvar al sector?
Cuando el panorama parece oscuro, siempre aparece un 10 para frotar la lámpara. Recientemente, Lionel Messi en una entrevista con Luzu TV, revolucionó las redes al confesar su gusto por el vino con gaseosa. Para los puristas, fue un sacrilegio; para la industria, desde Alejandro Vigil hasta la COVIAR, pasando por el "wine influencer" que se les ocurra, fue una bendición. Messi, con la sencillez de quien no necesita demostrarle nada a nadie, le quitó al vino ese traje rígido que todavía lleva puesto, y lo devolvió a la mesa cotidiana.

Este fenómeno de figuras globales "salvando" etiquetas no es casualidad. Ya vimos el "efecto Britney Spears" con Bodega Norton: una simple foto de la cantante disfrutando de un Malbec Reserva disparó las ventas y la viralización de la marca de manera orgánica y sin precedentes. 

El caso de Taylor Swift también marca la agenda mundial. Una breve aparición de una botella de Sancerre (Domaine de Terres Blanches) en su último documental bastó para que el stock se agotara en Estados Unidos en cuestión de horas. Taylor no solo canta sobre vino; ella dicta tendencia. Al elegir blancos frescos y ligeros, está moviendo la aguja de una industria que suele ser demasiado lenta para reaccionar.

Estas figuras demuestran que el vino necesita menos descriptores técnicos imposibles y más momentos reales.

Generación Z: Menos alcohol, más experiencias
El desafío es generacional. La Generación Z está imponiendo nuevas reglas: priorizan el bienestar y el disfrute consciente. Hoy, las "juntadas" ganan terreno frente a los boliches, y en ese escenario, el vino tiene una oportunidad si deja de ser solemne. La aparición de vinos bajos en alcohol o desalcoholizados no es una moda, sino una respuesta a quienes buscan frescura y menos calorías.

Para sobrevivir, el sector debe adaptarse:
  • Perder el esnobismo: El vino es disfrute, no un examen de química. Si Messi le pone gaseosa y Taylor lo hace "cool", nosotros no podemos ser más papistas que el Papa.
  • Nuevos formatos: Vinos con baja graduación alcohólica, en lata, bag in box, son ideales para generar otros momentos de consumo.
  • Transparencia: Conectar con el consumidor desde la autenticidad. Los jóvenes, sobre todo, buscan historias reales, no etiquetas doradas que no pueden pagar.
Un mensaje de esperanza: Del terruño a la copa real
A pesar de la crisis financiera que golpea desde la Patagonia hasta Burdeos, el vino sigue siendo nuestra identidad. La solución no está en los techos de cristal de las catas exclusivas, sino en entender que el vino debe ser una experiencia accesible.

El partido sigue. Tenemos el terruño, la historia y, además, la validación de los íconos populares que lo bajan a la tierra. Si logramos que el vino vuelva a ser el compañero de la charla y no un trofeo de vitrina —con soda, con hielo, con gaseosa o como prefiera cada uno—, el resultado final será, sin dudas, una victoria para todos los que amamos esta industria.


JUAN CARLOS PALACIOS

REDACTOR Y SOMMELIER

lugaresysabores.com
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